Presentan en el MAM guía gráfica de la Ciudad de México

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Nicolas de Crécy visitó México por primera vez en 2014 y durante 45 días caminó por las calles del Estado de México, Puebla, Morelos, Oaxaca y la CDMX. Después utilizó sólo su memoria y acuarelas para plasmar en coloridas ilustraciones los contrastes y lugares más emblemáticos de nuestro país.

Ahora el Museo de Arte Moderno (MAM) exhibe 65 de sus trabajos que integran un volumen dedicado a México y que a su vez forman parte de Travel Book, una compilación de relatos gráficos realizados por diversos artistas, editados por la fundación Louis Vuitton.

“El director de la colección había visto mi trabajo y le pareció que mi arte podía corresponder a la Ciudad de México y al país en general”, dijo Nicolas Crécy a La Razón.

La exposición Nicolas de Crécy. Bitácora mexicana cuenta con acuarelas y dos libros originales del artista, quien es reconocido en el ámbito del cómic europeo por su dominio técnico y su vocación literaria, que lo han llevado a ser uno de los representantes de la nueva novela gráfica francesa.

Por otra parte Julien Guerrer, director editorial de la firma francesa en México, dijo que el proyecto data de 2013.

“El proyecto para publicar este tipo de libros coleccionables surgió hace cuatro años. La idea es retratar una ciudad de una manera diferente, como si fuera una novela gráfica, e invitar a artistas de todo el mundo para que nos propongan su visión de un destino, es la visión de Louis Vuitton, una visión creativa, de lo que es viajar

“México es una ciudad muy importante para nosotros, es una buena oportunidad para que rindamos tributo a este país que es maravilloso para los extranjeros y que podrán ver a través de nuestras páginas los clientes que tenemos en 60 países del mundo”, comentó.

Flâneur, es un término que sirve para definir la libertad y la ligereza de pasear por la ciudad y para el artista francés esa palabra podría definir la experiencia al realizar este proyecto.

“Sí, se podría definir como una experiencia flâneur el hecho de caminar y dejarme impregnar por todos los elementos y acontecimientos que me inspiraron directamente sin que fueran lugares emblemáticos de México, obligatoriamente”, agregó el nacido en Lyon, Francia.

La muestra ofrece una mirada contrastada de las caóticas calles del Centro Histórico con los paisajes de la sierra de Oaxaca; las esquinas urbanas olvidadas con la vista aérea y agigantada de la ciudad; visiones que para Nicolas son difíciles de describir en su totalidad con una sola visita a México.

“Es difícil de responder en una frase, porque es un país tan rico y tan diverso, lo único que puedo decir es que me marcó esa gran cantidad de contrastes”, explicó el pintor de 50 años de edad.

El artista se dijo capturado por aquellas imágenes que reflejan el color.

“No tengo favorito, tengo varios favoritos, mis favoritas son las que tienen más color, pero que son las menos folclóricas. Los que pintan los detalles de una calle, de una banqueta o de un elemento urbano son las que yo prefiero.
También me gusta mucho aquella que es un minisúper en Cuetzalan por que para mí representa algo muy típico de las calles de México”, apuntó.

Para la directora del MAM, Silvia Navarrete, esta muestra nos permite ver nuestras calles desde otra noción del tiempo.

“De Crécy trabaja con mucha finura y con un contraste de lo agigantado y caótico de la ciudad, a través de un dibujo fino y detalles del paisaje. Es como otra noción del tiempo, no el del tráfico y la inmediatez, es una narración literaria a través de la imagen”, comentó.

Para el ilustrador, México es definitivamente un destino que inspira a la creación artística. “Tanto a nivel de luz y arquitectura, la ciudad es extraordinaria. A los europeos también nos marca mucho la altitud y finalmente estamos aquí a 2 mil 300 metros sobre el nivel del mar, en Europa eso ya es una alta montaña. Y esa altitud da unas características de luz que son muy especiales”, finalizó.

La divina ilusión cavila sobre el poder liberador del teatro

Inspirado en la censura y el repudio que padeció la actriz Sarah Bernhardt, en Quebec, en 1905 por parte de las autoridades eclesiásticas, el dramaturgo Michel Marc Buchard escribió La divina ilusión. Más de dos siglos después de aquella persecución, cuando la censura por parte de las instituciones de poder parecía superada, Boris Schoemann presenta este drama en México para recordarnos que los “silencios” pueden ser más sutiles de lo que creemos.

“Actualmente existen diferentes formas de control, en ese entonces eran las instituciones religiosas pero ahora existen otras, y eso está clarificado en la teoría del poder, pero en este drama vemos cómo Sarah Bernhardt evidencia todos los males de su época”, aseguró el director Schoemann en entrevista con La Razón.

El también actor se dio a la tarea de traducir una obra de un autor con el que ha trabajado muy de cerca y cuyos relatos están permeados de un “humor preciso”.

La divina ilusión aborda la relación entre la Iglesia y el teatro, las diferencias entre clases sociales, los derechos humanos para la clase proletaria, los sueños y anhelos de la juventud y que intenta proyectar un mensaje que habla del poder que tiene el para poder transportarnos a otros mundos, de inventar universos a los cuales acudir para escapar de la realidad y de la cotidianidad.

“El teatro se vuelve parte del lenguaje de la política, de la filosofía, es parte de una vida pública que nos hace reflexionar sobre sucesos que ya pasaron o que son cotidianos. Hablamos de la misma teatralidad. La divina Ilusión es un drama muy fuerte, que tiene una especie de mezcla mágica entre el drama y una comedia que tiene un humor muy preciso”, comentó.

Schoemann enfatiza en el poder liberador del teatro y cita: “Para qué volver a visitar una época pasada, para qué evocar el recuerdo de sus contingentes de personas encerradas en los estados religiosos, para qué hablar de los niños encerrados en fábricas insalubres.Más de un siglo después los dogmas religiosos aún destrozan naciones” La compañía Los endebles realiza una interpretación de la obra más reciente de Michel Marc Bouchard, autor de El camino de los pasos peligrosos, La historia de la oca y Tom en la granja.

Por su parte, Boris Schoemann también ha montado con otros grupos Las musas huérfanas y Bajo la mirada de las moscas, puestas que han marcado al público mexicano por la vigencia y universalidad de su discurso y a las múltiples temporadas que todas realizaron.

La obra se estrenará el próximo 4 de septiembre en el Teatro la Capilla.

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La divina ilusión

  • Lugar: Teatro
    La Capilla (Madrid 13,
    Del Carmen)
  • Fecha: Del 4
    de septiembre al 21
    de noviembre
  • Horario: Lunes
    y martes, 20:00 hrs.

Distinguen a Hugo Hiriart con Medalla Bellas Artes

Como reconocimiento a su destacada y extensa trayectoria como dramaturgo, académico y director de teatro, Hugo Hiriart recibió ayer la Medalla Bellas Artes.

“Esta noche tenemos el gusto de reconocer la obra de Hiriart, un creador que hace ya tiempo reúne los méritos necesarios para hacerse acreedor a la Medalla Bellas Artes “, dijo Lidia Camacho directora del Instituto Nacional de Bellas Artes.

La ceremonia estuvo acompañada de una serie de lecturas en donde el autor de obras como La ginecomaquia; Casandra; Minotastás y su familia o Hécuba reflexionó sobre su carrera en el mundo de la literatura.

Previo a la ceremonia el autor aseveró que su labor literaria nunco estuvo impulsada por el deseo de recibir un premio.

“No he pensado en recibir premios ni medallas. Bastante tengo con vivir y escribir en un país como México donde se ve a jóvenes sanos y fuertes vendiendo chicles en la calle: eso que hace que me quiera morir. Eso me podría haber pasado a mí, pero no, pude vivir escribiendo, aunque pasé años en que no tenía dinero para nada, y ya estaba casado. Pero con el tiempo, las cosas mejoraron. Hoy yo les diría a los jóvenes que resistan, aunque estén malas las cosas, que resistan y avancen, que no se dejen vencer por la adversidad”, aseguró el también columnista y agregó que no tenía discursos preparados.

Hiriart comentó que siente que el tiempo lo corretea. Adelantó que en la actualidad trabaja en dos novelas.

“Una de ellas, sobre mi pasado y con base en la vida de mi abuelo que estuvo en la Revolución y llegó a Mayor del ejército. Hace poco vi un acta de eso y no me lo imagino a caballo y corriendo, porque era antideportista. Es algo sobre la Revolución mexicana apoyado en la vida de mi abuelo”, dijo.

En un comunicado aseveró: “aunque estoy un poco atorado, trabajo en una novela policiaca, con un planteamiento tan bueno que luego no puedo descubrir quién fue el que cometió el crimen. Eso les ha pasado a varios escritores, se meten tanto, que después sucede eso”.

Por otro lado, confesó que quiere hacer un libro sobre la juventud de Santa Teresa, un personaje y que su labor literaria continuará.

Publican discursos de Borges sobre el tango; estuvieron perdidos 37 años

Circula en librerías un libro colmado de nostalgias y curiosidades: El tango. Cuatro conferencias (Lumen, 2017), del poeta, narrador y ensayista Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899 – Ginebra, 1986). Grabaciones perdidas, que en 2002 el político vasco José Manuel Goikoetxea le regala en 4 casetes al novelista español Bernardo Atxaga, quien escucha el material, lo digitaliza y, con la asesoría de Edwin Williamson, autor de Borges: una vida (2007), revisa y confronta la posible autenticidad de la voz de Borges.

Dos años después, Atxaga pasa el material grabado al escritor César Antonio Molina, director de la Casa del Lector de Madrid, y éste a su vez le informa a Maria Kodama, quien desconocía la existencia de tales cintas con la voz de su marido. La viuda del escritor argentino confirma, tres semanas después, la legitimidad de los casetes: inicio de una ronda editorial que hizo posible la impresión de las cuatro conferencias dictadas por Borges en octubre de 1965 en el barrio porteño de Constitución.

El tango: dos ediciones en Argentina, en 2016, y primera aparición en México, impreso por el sello Lumen de Penguin Random House, en julio de este año. Todo parte de la investigación que hace el poeta bonaerense en 1929 sobre el poeta Evaristo Carriego, el cual desemboca en una significativa exposición sobre el mundo del tango: “Hacia 1929, yo aproveché el segundo Premio Municipal de Literatura […] para dedicar un año al ocio; es decir, a escribir un libro para mí. Este libro fue un estudio sobre mi antiguo vecino de Palermo, el poeta Evaristo Carriego. Naturalmente, el tema de Carriego me llevó al tema del tango, y empecé a investigar”, explica Borges.

“Los orígenes del tango”, “De compadritos y guapos”, “Evolución y expansión”, “El alma argentina”: cuatro disertaciones en las cuales el autor de Historia universal de la infamia, con elocuencia, ingenio y humor, recupera y recrea las clandestinidades del Sur y del mítico barrio de Palermo arrendado de ‘compadritos’, guapos (pendencieros, buscapleitos), ‘patoteros’ (sujetos de comportamiento delictivo o violento), ‘casas de vicio’ y milongas.
“El Sur es una suerte de corazón secreto de Buenos Aires; podríamos decir: aquí, en el Sur, está Buenos Aires”, acota Borges.

El lector tiene en sus manos un dictado de interrogaciones especulativas sobre ese “pensamiento triste que se baila”: el tango. Mitologías del Río de la Plata, cifras del bandoneón, guitarra, piano, violín y contrabajo en prosodia que tiene sus raíces en la Habanera cubana, la milonga (quimbunda), la payada, el vals y la polka; lírica de una modalidad en que la “secta del cuchillo y el coraje” acuñan imágenes de violenta tregua en los acuerdos de las miradas y los gestos impulsivos: “Una mitología de puñales / lentamente se anula en el olvido; / una canción de gesta se ha perdido / en sórdidas noticias policiales.”(Estrofa del poema “El tango”).

Transcripciones que develan a un Borges dicharachero y erudito en disertaciones sobre un arrendo musical que le encantaba secretamente en un amoroso sortilegio presente en muchos de sus poemas. El autor de Fervor de Buenos Aires en una conversación en que el tango es “un símbolo de la felicidad”, como él mismo lo subraya en este cuaderno de ramblas y pasaderas de una concordancia de exuberante propensión romántica en que la pareja que la baila va siempre siguiendo “un ritmo de pasión y de bravura”.

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Rescatan legado del muralista que dio color a Tlatelolco

Nicandro Puente Eguía (1953-2005) fue un prolífico muralista y pintor mexicano comprometido con las necesidades de su gente y el entorno social y urbano. La serie Rostros de la angustia se compone de 12 coloridas piezas, dibujos preparatorios y bocetos que el artista realizó entre 1994 y 2000. La exposición se inauguró ayer en la galería independiente El Palomar del Minotauro.

Eguía, quien fundó la Red Urbana de Muralismo Comunitario (RUMC), es creador de una importante serie de murales de más de 30 metros de altura ubicados en diversos edificios de la Unidad Tlatelolco.

“Rostros de la angustia es una muestra de la figuración expresiva de Nicandro, donde lleva al máximo el límite de la figuración humana. Él buscaba la fragmentación de la identidad y una sutileza estética”, dijo en entrevista con La Razón el curador de la muestra, Alberto Ríos de la Rosa.

Por otro lado, Martha Rosado Lozano aseguró que el creador era un artista comprometido con la sociedad de su tiempo y que estaba convencido de la “fuerza transformadora del arte” .

“Era muy comprometido con su tiempo, realizó diferentes proyectos de desarrollo comunitario y de apoyo a la gente”, explicó la directora del acervo de Nicandro Puente.

El artista falleció en 2005 por un padecimiento cardiaco, maniobró con maestría varios estilos, como el dibujo, el mural o la pintura tradicional.

“La obra de Nicandro es vasta, no hay otra palabra para definirla; existen muy pocos artistas que pueden abordar tantos estilos de manera tan adiestrada”, expresó el curador de la muestra, quien espera que éste sea el primer paso para lograr un interés mayor para seguir mostrando la obra de Puente.

Rostros de la angustia significó un cambio en el estilo artístico de Nicandro.

“Muchos de los dibujos que realizó Nicandro antes de los acrílicos finales tienen la solidez de una obra consistente. En ellos puedes ver ese cambio de estilo, donde va de la simpleza de la línea y los claros oscuros, hasta esas composiciones más complejas y llenas de colores” agregó De la Rosa.

Expresó que fue un gran debate saber cómo es que la angustia esta evocada en tantos colores. “Yo creo que el color responde a un interés estético, a primera vista es bastante colorido, pero es más la construcción social que tiene cada uno de los cuadros, donde todo los rostros están callados o no carecen de boca. La intención del artista es mostrar la angustia a través del silencio”.

Eguía realizó, junto con la comunidad de la Unidad Nonoalco Tlatelolco, seis murales. Algunas de esas obras se encuentran deterioradas y en peligro de desaparecer es por eso que uno de los objetivos de esta exposición es buscar fondos para su restauración. “Es un llamado urgente para que este legado público, que nos dejó el maestro Nicandro Puente, sea rescatado”, concluyó Rosado.

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Publican la novela que Lowry creyó perdida en incendio de 1944

Una fuerte adicción a la bebida que iba mucho más allá de la tentación habitual que suelen tener los borrachos comunes, aunque solo fuera aparente, marcan la vida de Malcolm Lowry (1909-1957). Pero sus cartas y pensamientos literarios esconden, sin embargo, un ser de una inteligencia y sensibilidad superiores, marcado por la sensación de fracaso y una gran perplejidad ante la llegada del éxito con Bajo el volcán (1947).culto. Aquí se revela como un hombre que buscó en la naturaleza, la natación y el golf el paraíso perdido que nunca tuvo en sus orígenes provincianos cerca de Liverpool.

Lowry quiso ser Kafka, quiso ser Melville, y en cierta manera consiguió ambas cosas extrayendo de sus dos íconos literarios lo necesario para que su talento echara a navegar. En una carta fechada en 1940 habla de la siguiente aspiración con respecto a su obra magna: “Albergo la esperanza de que el libro pueda compararse favorablemente con trabajos como El proceso de Kafka, pero sé de sobra que los libros como El proceso raras veces son un éxito de ventas. De hecho, la primera condición para que se vendan bien es, al parecer, la persecución y la muerte del autor”.

En referencia al autor de Moby Dick, hizo lo que el autor norteamericano al escribir sobre la ballena blanca, es decir, basarse en experiencias marítimas propias. Así nació Ultramarina (1933), a partir de sus diarios de viaje a Oriente en un buque mercante a la edad de dieciocho años, y también su última novela, Ferry de octubre a Gabriola (1970), la cual no tuvo tiempo de revisar al morir en Inglaterra a consecuencia de un exceso de barbitúricos mezclados con alcohol.

En estas narraciones Lowry ofrecía tanto un trayecto marítimo como un viaje interior también del protagonista y su mujer. Y del mismo modo se puede hablar de Rumbo al mar blanco (Ediciones Malpaso, 2017).

La obra, que empieza contando cómo dos hermanos se reconcilian después de afrontar una serie de diferencias con el trasfondo del naufragio del barco de su padre que ha costado vidas humanas, presenta una curiosa y atormentada historia detrás, como ocurre con la mayoría de manuscritos del autor natural de la ciudad británica de Cheshire y que viviría en Nueva York y Hollywood. Una historia que tiene que ver con el incendio que destruyó su casa el 7 de junio de 1944.

Entre llamas. Se cuenta que su mujer por entonces, Margerie Bonner, se internó en las llamas y consiguió salvar las páginas de Bajo el volcán, y que fue Lowry quien luego intentó meterse entre ellas para recuperar la novela en la que estaba trabajando desde 1931. “De las mil hojas que acumulaba aquella obra en marcha solo quedaron unos pocos papeles chamuscados: era un montón de ceniza. La pérdida del texto fue una de las heridas que atormentaron a Lowry hasta su muerte. En numerosas cartas aludiría a la gran empresa malograda, al dolor de un proyecto fatalmente devorado por el fuego”, explica el editor.

Lo sorprendente es que el autor pareció olvidar que en 1936, poco antes de viajar a México con su primera esposa, Jan Gabrial, él mismo dejó una copia del manuscrito de Rumbo al mar Blanco en la casa de su suegra en Nueva York: “Allí durmió el papel carbón durante cuatro décadas”. Fue tras la muerte de Margerie en 1988, cuando se encontró la obra y se depositó en los archivos de la New York Public Library.

El texto se abre con la referencia universitaria de Cambridge, donde Lowry adquirió su costumbre de beber; mucho tiempo después, lo encerrarían en la cárcel de Oaxaca aún no se sabe muy bien por qué (por alcoholismo, por no tener papeles en regla), y se aislaría en una cabaña de Canadá durante los años 1941-1944 para escribir la cuarta versión de Bajo el volcán, que doce editoriales rechazaron publicar en el lapso de unos pocos meses.

El telón de fondo. Lo que sucedía en sus páginas era el hecho de que Malcolm Lowry había mirado su entorno para que cada personaje naciera de un ser real: Ivonne, la ex esposa del cónsul Geoffrey Firmin, del que conocemos sus últimas horas de vida y alcoholismo hasta que unos policías fascistas le asesinan, era Jan Gabrial, que también inspiró la mujer de Oscuro como la tumba en la que yace mi amigo, (1969).

En esta otra obra recuperada surgía como telón de fondo Cuernavaca, el mismo escenario de Bajo el volcán; asimismo, el protagonista se llamaba Sigbjorn, como uno de los hermanos que precisamente aparecen en Rumbo al mar Blanco (el otro es Tor), una novela que desde su primera página está preñada de poesía como casi todos los textos que salieron de su pluma, incluso, y lo más complicado, en los diálogos que se establecen entre los personajes, llenos de simbolismo “Fíjate, Tor, lo recto y despejado que debía de parecer el camino. ¿Crees que aquel último ahorcado vio extenderse la senda ante sus ojos, que aunque sabía que su cuerpo pronto estaría columpiándose en el aire…?”, comenta Sigbjorn, por ejemplo, en la larga conversación inicial de esta obra.

Así cabe acercarse a la misteriosa Rumbo al mar Blanco: una charla culta sobre la vida, sobre embarcarse y regresar a puerto, en clave lírica y anhelante. “Uno de los cargueros leva el ancla y lo ven salir a la bahía y alejarse más allá del fiordo, más allá de sus sueños y de su conocimiento”del narrador con alma de poeta.

Sus obras

  • 1947
    • Bajo el volcán.
  • 1978
    • Ghostkeeper y relatos de juventud.
  • 1987
    • Ferry d’octubre a Gabriola.
  • 1997
    • Piedra infernal.
  • 1969
    • Oscuro como la tumba donde yace mi amigo.
  • 1980
    • El volcán, el mezcal, los comisarios.

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“No puedo concebir el mundo sin Rulfo, Arreola, Fuentes…”

“No sé si lo merezco y esto no es falsa modestia, pero estoy muy contento y profundamente agradecido”, dijo el escritor Alberto Manguel (1948) en relación con el Premio Internacional Alfonso Reyes 2017 con el que fue galardonado el pasado 24 de agosto.

El autor de Conversaciones con un amigo (2011) asegura que “Reyes es tan complejo como Octavio Paz, pero en otro registro. Es ese el Reyes con el que puedo dialogar: el ensayista. Siento que puedo dialogar con sus ideas. Pero, por supuesto, también con el poeta, el autor teatral. Recuerdo una puesta en escena de Ifigenia cruel que me impresionó mucho. Y la narrativa también. Y la obra de traductor. No olvidemos esa obra. Borges la elogiaba”.

Manguel es el actual director de la Biblioteca Nacional de Argentina y entre sus libros destacan: News from a Foreing Country Came (1991), su primera novela; Una historia de la literatura (1998), El regreso (2005); y El viajero, la torre y la larva (2014). El autor dijo sentirse avergonzado al recibir el premio.

”Ante todo, me da vergüenza. Kafka decía que tenía una pesadilla donde a un maestro lo elogiaban en clase y de pronto un alumno lo señalaba con el dedo y lo acusaba de mentiroso y falsario. Yo siento que esto va a ocurrir en cualquier momento. La gente en la premiación se va a parar y va a decir: ‘Desenmascárenlo porque él no es así’”, agregó, el también narrador, traductor, editor y crítico literario en un comunicado.

El premio fue otorgado por primera vez en 1973 al escritor Jorge Luis Borges y a lo largo de su historia, ha reconocido a figuras como Marcel Bataillon, André Malraux, George Steiner e Ignacio Bosque, entre otros.

“Mi nombre en la lista tiene algo de ridículo. Lo acepto, pero con la mayor humildad posible y con el reconocimiento de que estos fueron unos grandes maestros y siguen siéndolo. No soy uno de ellos”, comentó Manguel y recordó que en su adolescencia descubrió a Alfonso Reyes gracias a los elogios de Borges. “Me encontré con una inteligencia grandísima. Hay ensayistas que desarrollan sus ideas y parecen requerir un vocabulario y una sintaxis muy complejas. Alfonso Reyes, en cambio, es un escritor cristalino. A veces un lector distraído puede pensar que la llaneza de la escritura de Reyes refleja una cierta superficialidad, lo cual es absurdo”.

“México para mí es un país muy querido, complejo y multifacético que siempre me da material para el pensamiento desde mi adolescencia, cuando empecé a descubrir a escritores mexicanos en la colección del Fondo de Cultura Económica, a todos esos grandes: Rulfo, Fuentes, Amparo Dávila, en fin: todos los que nos hacían ver que la literatura latinoamericana tenía una riqueza extraordinaria que no dependía de ciertas influencias europeas.

“Me daban un entendimiento de la realidad, que es lo que hace la literatura siempre. Yo no puedo concebir el mundo sin Juan Rulfo, Salvador Elizondo, Arreola o Fuentes, que para mí es la encarnación del escritor épico, y sin autores contemporáneos como Alberto Ruy Sánchez, Juan Pablo Villalobos o Guadalupe Nettel… hay tantos”, finalizó el escritor.

Algunas de
sus obras

  • Guía de lugares imaginarios (1980)
  • Noticias del extranjero (1991)
  • Una historia de la lectura (1996)
  • En el bosque del espejo (1998)
  • Leer imágenes: una historia privada del arte (2002)
  • Stevenson bajo las palmeras (2003)
  • La biblioteca de noche (2006)
  • Todos los hombres son mentirosos (2008)

Los nombres del aire cumple 30 años

“La estructura es como una partitura en la que se entremezclan distintos colores”, dijo, en una entrevista de 2004 el escritor Alberto Ruy Sánchez, en relación a su novela Los nombres del aire, que hoy celebrará sus 30 años de existencia en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes a las 19:00 horas.

El también autor de Los jardines secretos de Mogador (2001), conversará con Ricardo Cayuela y leerá fragmentos de este volumen acompañado por la actriz y cantante Sasha Sökol. La novela explora, por medio del arte de la palabra, las distintas formas del deseo y el erotismo femenino.

Diez años antes de que fuera publicada la novela, Ruy Sánchez viajó por vez primera a Mogador. Inspirado en la cultura marroquí, escribió el primer esbozo del libro. Después de que fue rechazado por varias editoriales, logró publicarlo en 1987 bajo el sello de Joaquín Mortiz y fue presentado por primera vez por Álvaro Mutis y Antonio Alatorre.

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Mogador es la metáfora de la mujer deseada, del ser anhelado que se convierte en el misterio indescifrable. En este microcosmos las vidas se entrecruzan con sueños e ilusiones y la realidad queda en un segundo plano.
La escritora marroquí Oumama Aouad ha comentado que Ruy Sánchez supo evitar los escollos de la mirada masculina sobre la mujer y, especialmente, sobre la mujer árabe: “Las mujeres en la obra de Ruy Sánchez son mujeres que desean desde antes de ser deseadas”.

“En ese afán artesanal de composición literaria tuve el deseo de que el lector entrara al libro como se entra a un edificio, a un ámbito, a un espacio, a una arquitectura. Que el lector sintiera y deseara avanzar en ese espacio o irse o quedarse en una esquina tan sólo, atraído tal vez por una luz al final o al fondo. Llevado más por un conjunto de sensaciones atractivas que por la pregunta recurrente del suspenso tradicional”, escribió el autor.

Picasso y Rivera, los artistas que renovaron la estética del siglo xx

Por Juan Rafael Coronel Rivera >

Una parábola habla de una narración la cual contiene una enseñanza moral. La moral no está ligada a la religión, sino que describe las maneras de vivir. Nos detalla cómo se manifiestan las costumbres y los hábitos. Otros aspectos de la moral están relacionados con la ética y la lógica.

Una de las líneas conductoras de esta muestra, describe la moral y cómo ésta no tiene solamente un origen. Cada cultura tiene su genealogía moral y todas esencialmente son correctas.

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El siglo XX se manifestó a favor de la pluralidad, una visión estructurada a través de la movilidad social y la equidad humana. En ese periodo la filosofía nos describió en toda nuestra complejidad y ésta se puso en práctica, entre otras cuestiones, a través de una visón idealista, inalcanzable: la libertad. Se liberaron las mujeres, los negros, los niños, los adolescentes, los homosexuales y lesbianas, se liberaron los obreros, los campesinos, la clase media, se liberó, incluso, el mercado y la economía. Sin embargo, en el arte, esta búsqueda por la libertad y su moral plástica fue fundamental y para los pueblos mestizos. La moral explicada desde la estética nos devolvió una complejidad cultural, negada por los cánones académicos.

El arte de las academias — inspirado en la visión francesa del asunto—, era el reflejo —espejo— de las monarquías, los estados absoluto, sistemas que proponían una occidentalización del mundo sin importar la moral, la ética y la lógica de quien era sometido a su estructura. Rivera y Picasso fueron entrenados bajo estos lineamientos, a los cuales reaccionaron para encontrar el camino a la pluralidad de la pintura moderna.

Tanto en la biografía de Picasso, como en la de Rivera, se ha estudiado mucho cómo llegaron a Marx y a enlistarse en sus respectivos partidos comunistas. No obstante, su primer encuentro con una filosofía política no se da a través del socialismo. A los dos los une una visión radical compartida que marcó su manera de ver el mundo de manera definitiva y a través de la cual lograron interpretar la moral de sus culturas en todas sus propuestas y sobre todo, comprender la libertad visual, entendida por ellos como la posibilidad infinita de las variantes en la especulación creacional del arte.
Esta hipótesis, la cual llevan a la práctica con gran audacia desde su juventud, se las da el filósofo Mijaíl Bakunin y el anarquismo.

El anarquismo en Picasso y Rivera fue fundamental, pues les presentó una posibilidad vasta de romper con todos los postulados asignados y llegar a una amplia libertad cognitiva y postular sus respectivas modernidades.

Como resultado de esta nueva manera de pensar, la cultura mexica y la grecolatina, fueron vistas a través de una teoría del arte distinta a la impuesta por el sistema académico decimonónico y sus aportaciones estéticas fueron incorporadas al arte moderno. Uno de los postulados definitivos de esta muestra y en la cual se fundamentó parte de su estructura curatorial, fue retomar esta idea calológica fundacional, y a través de ella se les dio la misma categoría estética a dos tipos de beldad propuestas desde una moral singular, que distingue las propuestas de sus culturas, pero también representan la búsqueda de un cánon.

Con esta perspectiva se presentan las obras mexicas y las greco romanas prototípicas. Uno de los módulos específicos donde esta propuesta queda resuelta a cabalidad, es la relación establecida entre las obras Torso masculino, pieza romana del año 100 de la e.C y la obra de Pablo Picasso titulada La flauta de Pan. Lo interesante del asunto filosófico en este cuadro de Picasso y la analogía con la tela de Diego Rivera titulada Canoa enflorada y su relación con la pieza Macehual, obra azteca del periodo comprendido entre los siglos 1250 y 1591, es que describen sus propios orígenes antiguos, pero sobre todo agrarios, los cuales las coloca en un plano similar, donde los campesinos y su origen rural son el tema central de las piezas y las conecta con una visión social (socialista), del arte. La flauta de pan es un instrumento musical llamado originalmente siringa, y es el atributo principal del dios Pan, quien regía el destino de los pastores y sus rebaños. Por otro lado Pan también regía la sexualidad masculina y la fertilidad. Por lo tanto, los dos muchachos presentes en la obra de Picasso nos describen dos situaciones importantes, por un lado al estar en posesión de la siringa, sabemos que son dos pastores, lo cual pone como motivo principal de la pieza a dos trabajadores del campo y si recordamos las inclinaciones socialistas de Picasso, entendemos, metafóricamente, una representación del proletariado.
El otro aspecto de la obra, es que estamos ante la presencia de dos jóvenes en plenitud, representan el arquetipo de la masculinidad en su plenitud sexual, pero en este sentido, Picasso habla de manera metafórica, representa al proletariado como la semilla esencial de la sociedad.

Por otro lado Rivera en su pieza Canoa enflorada, utiliza la imagen del macehual, para colocarlo como el prototipo masculino mexica y presentarlo como el modelo de virilidad mestiza —quizá indígena—. Un macehualli era un hombre libre, no perteneciente a las clases rectoras que podían poseer parcelas, bajo la condición de cultivarlas. El monolito precolombino incluido en esta muestra no es cualquier escultura, es una pieza importante, fundamental, por lo tanto esta obra, por sus características conceptuales nos remite a que a través de ella se representa a alguna deidad rectora de los macehualtin. Estamos como en el caso de la metáfora de Picasso al utilizar al dios Pan, ante una imagen sagrada la cual representa al regidor de los campesinos mexicas. Rivera, como Picasso, incorpora una imagen socialista a la estética de la pintura moderna de México.

La obra de Diego está, además, cargada de un gran simbolismo. La pechina de la canoa, donde se colocan las flores, representa un tocado, similar al que portan las deidades femeninas mexicas. En esta pintura en primer plano tenemos la figura masculina representante de la virilidad.

Durante todo el recorrido de la presente muestra, estas metáforas son las que llevaron al comité curatorial, integrado por Diana Magaloni y Michael Govan del Museo de Arte del Condado de Los Ángeles y a un servidor por parte del Museo del Palacio de Bellas Artes, a seleccionar cada una de las piezas que la integran. En cada módulo se devela el proceso creativo y filosófico experimentado por estos dos grandes talentos del arte universal.
¿Qué discurso de su antigüedad les interesaba y porqué? ¿Cómo incorporaban esta retórica a su reflexión plástica, donde además, lo importante era la pintura misma, como disciplina esencial de las artes?
Para el que esto escribe, la aportación fundamental del arte moderno, fue precisamente esa pluralidad filosófica, la cual le caracterizó, donde la libertad, entendida como una búsqueda anárquica —a veces caótica—, de la autonomía del ser humano a utilizar su libre albedrio, para logar así develar algunas de las ideas postuladas más importantes, es esencial para presentarnos con nuestro perfil más importante, el moral.

Extienden horarios de visita en Bellas Artes

Durante la primera mitad del siglo XX una serie de agitaciones sociales no sólo fueron el contexto sino la motivación de cambios en el arte y su relación con la historia. Las ideas, las técnicas y las maneras de concretar las obras alteraron radicalmente la cultura visual del siglo.

Pablo Picasso y Diego Rivera se erigieron como dos figuras que aportaron su genio creativo para posibilitar así parte del proceso de transición.

Y es de la inquietud de asir, analizar y difundir estas manifestaciones que perfilaron los principios de la modernidad, de donde nace la exposición Picasso y Rivera: conversaciones a través del tiempo.

Para el Museo del Palacio de Bellas Artes y para el Museo del Condado de los Ángeles fue importante explorar la trayectoria individual de ambos artistas y sacar a flote los puntos de convergencia
Con más de cien pinturas e impresiones, la exposición es un viaje hacia la vida y producción que ambos llevaron a cabo en el transcurso que va de 1900 a 1940.

Los puntos de intersección entre Picasso y Rivera no dejan de ser sorprendentes, pues a partir de ellas, se aclara un periodo imprescindible de una compleja transición social y cultural y, a su vez, se abre la reflexión en torno al modo en que surge la modernidad en el arte. Es una muestra que nos enorgullece por ser un diálogo con gran fuerza expresiva y por la maravillosa recepción que ha tenido por parte del público mexicano. Hasta el momento nos han visitado más de 180 mil personas y hemos tenido que extender horarios.

Por Miguel
Fernández Félix

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Indagan aportaciones a la modernidad en el arte

Por Diana Magaloni Kerpel, Curadora /
Los Angeles County Museum of Art
Agosto, 21, 2017.

La exposición Picasso y Rivera: Conversaciones a través del tiempo explora no solamente la amistad y relación entre dos de los más importantes artistas del siglo XX, sino que descubre cómo en ambos la fuente de inspiración para plantear una nueva manera de concebir el arte, es paradójicamente, entender desde una perspectiva distinta el arte de la antigüedad.

Pablo Picasso y Diego River se formaron en la tradición académica de su tiempo, que consideraba a las fuentes del arte clásico griego y romano portadoras de la “belleza universal”; a la vez, estas ideas presumían la superioridad cultural europea.

Picasso se enfrentó a estas ideologías en Europa, ampliando la noción de arte antiguo al incluir las esculturas de los antiguos Ibéricos y posteriormente de otras culturas africanas. Rivera, hizo frente a la naturaleza vertical de la relación de AL con los centros culturales de Europa, al suplantar el canon grecolatino por el arte antiguo indígena mesoamericano en su pintura. Tanto Picasso como Rivera encontraron nuevas y creativas formas con las cuales desafiar a estos valores tradicionales y proponer un canon alternativo en el que las tradiciones estéticas occidentales y no occidentales pudieran coexistir.
La exposición explora esta trayectoria en tres tiempos. Los años cubistas de 1913-1915; la década de 1920, con el regreso al clasicismo en Europa y la invención del concepto del mestizaje indigenista en México; los años 30, con el esplendor cultural en México y la trayectoria inevitable hacia la II Guerra Mundial.

Los años cubistas. Picasso y Rivera entablan una amistad profunda por dos años en Paris durante la Primera Guerra Mundial (1913-1915). El cubismo cuestionaba los fundamentos del conceptos de representación. De esta manera se convirtió en una estética moderna que podría dar cabida a una interacción entre el gran arte y la cultura de masas, arte occidental y no occidental, y las obras de Picasso y Rivera están marcadas por esta característica intrínseca al cubismo.

El renacimiento del modernismo clásico
 en Francia y en México. La guerra dejó a Europa devastada, y por ello los pintores, sin dejar de expresar su modernidad, se hallaban en la búsqueda de un modelo estético que acentuara la continuidad sobre la ruptura. Tanto Picasso como Rivera abrazaron una revalorización de la tradición clásica. Este impulso de volver a lo permanente, a los valores universales y la estética tradicional creó distintos movimientos artísticos. Picasso en Francia se concentra en crear obras monumentales que muestran un refinado equilibrio entre la escultura clásica griega y la escultura arcaica, principalmente las obras Ibéricas de Osuna.

Para Rivera lo “universal” estaba basado en las tradiciones artísticas indígenas de México. En su obra de caballete Día de flores (1925), Rivera parece haber destilado las cualidades esenciales de la escultura mexica dando a la composición una jerarquía geométrica mediante la cual convierte la energía caótica y frenética del mercado tradicional en un icono que combina el pasado y el presente.

Los años 3o. Con el ascenso de Hitler y Mussolini el arte fascista en Alemania e Italia aprovecharía el clasicismo para celebrar a la raza y el poder equiparando la belleza y valores clásicos con las agendas nacionalistas. –

Yves Klein en México

A Rubén Leyva, artífice de la memoria de muchas historias

“Un pintor debe pintar una sola obra maestra: a sí mismo constantemente
Convertirse en una especie de generador con una irradiación constante…”
Yves Klein

“Mis pinturas son sólo las cenizas de mi arte”, decía Yves Klein (1928, Niza -1976, París) para dejar en claro du voluntad interventiva en el revuelto universo estético europeo de los años sesenta. Por ello es importante que por primera vez en México se exhiba la obra de este artista de origen francés, creador del “International Klein Blue” (IKB). Color único que encandila la mirada de quien ve las pinturas del artista francés. Se trata de una muestra retrospectiva del precursor del happening quien en apenas siete años produjo mil 500 piezas. La muestra se inauguró en la sede de la Fundación Proa en Buenos Aires, Argentina, y es la misma que ocupara el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) Una revisión de los Archivos Yves Klein, que se encuentran en París, a cargo del investigador Daniel Moquay. La muestra inicia con las obras monocromáticas más tempranas como el rectángulo butano Expresión del universo de color naranja plomo (1955). Se exhiben también piezas de la serie Antropometrías, hechas en un sentido literal con el cuerpo de mujeres desnudas; modelos bañadas en el azul Klein que imprimen su figura sobre lienzos blancos. De la serie Cosmogonías, donde la naturaleza se convierte en herramienta, destaca el uso de las llamas de un soplete a manera de pincel, y de estas piezas se exhibe Pinturas de fuego…Su obra inunda de azul el MUAC.

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La obra Klein ha dejado una huella indeleble en el arte moderno, que ha estado presente no sólo en la vanguardia estética de la segunda mitad del siglo XX, sino que su obra se exhibe constante en los museos de Europa, como las excelentemente curadas y que pude ver en los museos Reina Sofía de Madrid en 1995; en el Centre Pompidou de París en 2007 – cuyo título fue sorprendente e inolvidable: Corps, couleur, inmatériel-, y la más reciente, en la Tate de Liverpool en 2016. En todas se trata de reconstruir la compleja realidad del versátil artista.

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El arte de Klein se presenta en México con todo el vigor de sus imperecederas ensoñaciones monocromas, de esos rotundos espacios de color, con el azul como protagonista, que constituyen el signo distintivo w indeleble de su pintura. Pinturas en azul que pronto adquieren denominación comercial propia –azul Klein internacional-, pero que investigan el rojo y rescatan el oro antiguo de la arqueología bizantina o el decorativismo de consumo levemente pompier. Un homenaje a Giotto y la pintura del trescientos sintetizado en el Exvoto a santa Rita (1961): los pigmentos aplastados nos introducen con su rugosidad en la materialidad de la pintura, pan de oro sin pulir, y una ofrenda manuscrita velada por una cinta plástica. Es el momento de la experimentación de Fluxus, los acromos y la virulenta provocadora de Manzoni: Merde d’artiste es el último fetiche de aquellos años.

Klein nació en el dentro de una familia de pintores. María, la madre, fue una feminista sensible deslumbrada pronto por Jacques Villon y pionera de la abstracción europea. Fred, el padre, era un artista convencido de las tabulaciones cromáticas sugeridas por Mondrian y a fin a las planimetrías coloreadas de Nicolas Stael y los Delaunay. Las luces familiares celebraron durante años la presencia de artistas como Hartung, Soulages, Vassarely, Magnellí y Julio Gonzáles, quienes abrieron un lugar de debate artístico del que saldrán proyectos contundentes como la pintura abstracta europea que presentó la galerista Denise René y el Salón des Realités Nouvelles en 1946. La juventud de Klein fue impredecible y aventurera. Entusiasta del judo, huyó a Japón y llegó a ser cinturón negro; luego fue a España y aprendió castellano a marchas forzadas en Madrid, dando clases de juyo.

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Para la mirada contemporánea, el activismo de Klein mediada la década de los cincuenta, su ir más allá de “la problemática del arte”, como escenificó en la sonora performance-conferencia de la Sorbona en 1959, puede asociarse radicalmente a la configuración artística de un nuevo realismo crítico compartido por Raysse, Arman, Tinguely, Cesar y el crítico Pierre Restany. Un realismo sin fronteras, ni tiempo, desmitificador del logos artístico e integrado por las posibilidades premonitorias de las nuevas tecnologías – qué decir de los Dispositivos motorizados concebidos con Tinguely en 1958-. Los moldes figurativos coloreados en azul de 1962, Retrato en relieve de Arman o Victoria de Samotracia, son series abiertas que desmitifican intencionalmente el rigor formal de los monocromos. “ A través del pigmento puro- dice Hannah Weitemeier- , repartido uniformante sin matices y sin rastro alguno de una firma personal – la pintura aplicada con el rodillo crea tan sólo una estructura ondulada sobre el fondo del cuadro-, la dimensión del color se destaca de una forma pura y verdadera durante la contemplación”.[[]]

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Yves Klein crea una percepción alquímica del color, y es a partir de 1950, donde su indagación continuada acerca de las tecnologías del color que concluyen en la invención de un azul tonal único. El tema resulta obsesivo: el efecto del medio aglutinante sobre los pigmentos de la tradición cromática, la búsqueda del “brillo antiguo”. ¿Por qué el pigmento seco mostraba una limpieza imposible de alcanzar al amalgamarlo sobre la superficie pictórica? Dice Klein: “Había que fijar cada grano al soporte y mantener la intensidad del color…”. Klein va de esta forma a buscar el azul ideal para su obra. En 1957, el artista desveló su programa de una “época azul”: superficies de color que parecían idénticas pero que cada una de ellas marcaba un hito cromático diferencial que subraya en proyección geométrica su intensidad. Los topográficos Relieves planetarios (1961), deslumbran todavía con su belleza serena u dan la medida ajustada de una utopía cósmica: un mundo azul, como vieron los primeros exploradores de la luna en 1969.

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La muestra del MUAC persigue con acierto la inabordable creatividad de Klein. Los monocromos quizá avanzan una apuesta purista, desnudos espacios en azul y rojo progresivamente desmaterializados y etéreos: inmateriales. A éstos se contraponen en seguida los cuerpos embadurnados en azul con unas modelos activas, que parecen vivas, llenas de una vitalidad, que parece que fueron pintadas ayer. Un espectáculo lleno de poesía visual.
El experimentalismo de los últimos años del artista le descubre el fuego: con un inmenso lanzallamas de gas como pincel, el artista funde unas impresionantes estelas fluidas que el agua modela mediante un secado rápido. La performance con Alex Kosta en la Central Municipal de Gas en 1961 descubre de este modo un nuevo realismo: pinturas ritualizadas al fuego con imprevistos resultados de impacto. “Ahora quiero ir más allá del arte – más allá de la sensibilidad- más allá de la vida. Quiero ir al vacío. Mi vida será como mi sinfonía de 1949, un tono constante, libre de principio a fin, limitada y eterna al mismo tiempo, porque no tiene ni principio ni fin… quiero morir y entonces dirán de mí: ha vivido y, por tanto, sigue vivo”, escribió Yves Klein poco antes de su muerte en su diario. La muestra retrospectiva es pues un espacio abierto al espectro de su trabajo intelectual en torno al objeto como obra de arte; al color azul como punto y final de su vida creativo, y desde luego, a ese reflejo de que la vida de un artista puedo ser tan corta, pero también interminable en su descubrimiento.

1 Klein, Hannah Weitemeier. Editorial Taschen, Alemania, 2005

Twitter: @MiguelA90153526