Poca afluencia en la Catedral a la velada de la santificación de los dos papas

México. La velada que organizó la Arquidiócesis de México, en la Catedral Metropolitana con motivo de la canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII, no tuvo mucha convocatoria y la sugerencia que había dado la iglesia a los fieles de traer espejos para que a las doce del día los mostrarán como se hacía en las visitas del Papa viajero no tuvo la respuesta esperada.

Lo anterior no fue obstáculo para que el sacerdote Carlos Triana, del Movimiento Renovación Carismática Católica en sustitución del cardenal Norberto Rivera (quien se encuentra en Roma) rezara para que cese la violencia y el narcotráfico, que tanto afecta a los capitalinos.

“Como iglesia nos unimos a nuestro pastor, el Papa Francisco, para dar gracias por este regalo, contar con la intercesión de estos dos grandes hombres (Juan Pablo II y Juan XXIII) que con su legado de amor y servicio hicieron mucho bien a la sociedad. México eleva sus oraciones y se pone de fiesta por nuestros dos Papas Santos”, expresó Triana en su mensaje.

Durante el evento se transmitió la señal de la Misa Solemne en Roma, por lo que se instalaron dos pantallas dentro del recinto.

Alrededor de las 12 del día la mayoría de los fieles que asistieron a la celebración desconocían la vida Juan XXIII, quien promovió el Concilio Vaticano II.

En el editorial del semanario Desde la fe, la iglesia señaló que ambos personajes son el testimonio de una Iglesia desafiante a la secularización y el relativismo.
“A Juan XXIII, llamado “el Papa Bueno”, dfecidió convocar a un Concilio que renovaría la Iglesia, mientras que Juan Pablo II, recorrió el mundo”, dice el texto.

Mientras en la Basílica de Guadalupe, el nuncio Apostólico en México, develó una placa al pie de la estatua de Karol Wojtyla con la leyenda “San Juan Pablo II”.

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Los seguidores del santo, ondearon banderitas del vaticano durante la misa de acción de gracias y se amontonaban con las religiosas para recibir alguna de las oraciones que regalaban, donde se pedía el favor tanto de Juan Pablo II como de Juan XXIII.

Al término de la misa, se trasladó la figura de cera del Papa amigo, con una reliquia de primer grado, desde el altar mayor de la basílica hacia el columbario de la plaza mariana en donde permanecerá de manera permanente.

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