Moda de boda real: tradición y modernidad

LONDRES — Hubo tradición y modernidad, estilos sobrios y toques caprichosos: la boda del Príncipe Guillermo y Kate Middelton mostró las raíces de la moda británica, así como su apuesta por la vanguardia en la alta costura.

Todos las miradas estuvieron en el vestido de la novia, que inmediatamente se convirtió en el ingrediente del cual están hechos los sueños.

El traje nupcial, cuyos detalles permanecieron en secreto hasta que Middleton salió del Hotel Goring hacia la Abadía de Westminster, fue una magnífica confección con detalles florales de encaje, diseñador por la británica Sarah Burton, directora creativa de la laureada firma Alexander McQueen.

Un sutil escote agregó un toque atrevido a lo que pudo haber sido un vestido tradicional de mangas larga con encaje.

Su cabello estaba, mitad arriba, mitad abajo, ligeramente rizado y decorado con una tiara. Middleton lo aderezó con pendientes de diamantes.

“El vestido fue una gloriosa mezcla de modernidad con una insinuación de referencia histórica y una silueta maravillosa para complementar la belleza arquitectónica de la abadía”, dijo Avril Graham, editora ejecutiva de moda y belleza de la revista Harper’s Bazaar.

La dama de honor, Pippa Middleton, hermana de Kate, usó un vestido, también de Burton, tipo columna en tono crema, también con escote en V y su peinado fue natural. Sus tonos nupciales y su pavoneo detrás de Kate llamaron la atención de varios comentaristas.

“Su vestido estuvo excepcionalmente hecho a la medida, y fue básicamente blanco”, dijo Mark Niemierko, un organizador de bodas que ha planificado algunas de las ceremonias más extravagantes de Londres. “Para una dama de honor eso siempre ha sido un no-no, pero creo que la idea podría ganar popularidad”, agregó.

Las damitas también fueron enfundadas en vestidos color crema con faldas largas y flores en su pelo.

La Reina Isabel II lució majestuosa en un vestido amarillo de Angela Kelly, presentado a juego con un sombrero.

Carole Middleton, la madre de la novia, uso un abrigo de lana en tono azul cielo que cubría un vestido de shantung de seda confeccionado en el mismo tono. Ambos fueron creados por la firma Catherine Walker, mientras que el sombrero de la señora Middleton fue creación del británico Jane Corbett.

Middleton continuamente se viste de manera juvenil al igual que sus hijas, pero el día del enlace lució más como su madre.

La duquesa de Cornwall usó un vestido de seda color champaña superpuesto con un abrigo de Anna Valentine en el mismo tono, ambos a juego con un sombrero de Philip Treacy y zapatos de Jimmy Choo. Valentine diseñó el vestido de Camila para su enlace en 2005 con el Príncipe Carlos.

La abogada española Miriam González Duantez, esposa del vice primer ministro Nick Clegg, desató comentarios con un ceñido vestido con drapeados de encaje y un sombrero rojo. Muchos de los invitado fueron más conservadores, luciendo trajes simples y y vestidos a la rodilla en tonos pasteles y azules.

La joyería fue sutil también, pequeños aretes y collares de perlas.

Sobre sus cabezas los asistentes, lucieron un festín de colores, esculturas y diseños.

El diseñador irlandés Treacy dio vida a los sombreros para los miembros de la realeza que asistieron y que lucieron sus creaciones como las princesas Eugenia y Beatrice y la reina Anna-Marie, de Grecia.

También dio vida a un sombrero para la realeza de Hollywood: el de Victoria Beckham, quien llevaba un sombrero en tono azul obscuro. Hubo muchos no tan famosos que engalanaron sus creaciones, la mayoría parecidos a trabajos arquitectónicos destinados a alargar las caras.

La princesa Beatrice, hija del príncipe Andre y Sarah Ferguson, lucía un traje de Valentino y guantes de Cornelia James junto con un sombrero que se alzaba como un edificio.

Su hermana, la princesa Eugenia, llevaba un conjunto de Vivienne Westoon con un sombrero igualmente dramático. Ambas disfrutan jugar con la moda, probando atrevidos estilos que muchos de sus colegas aristócratas no llevarían por nervios.

La esposa del primer ministro David Cameron, Samantha, rompió la tradición: lució una brillante peineta en lugar de un sombrero. Su vestido, de la firma Burberry, era ajustado y aderezado con un collar de Erickson Beamon para Erdem.

“Su vestido y joyería fueron grandioso, pero me decepcioné al ver que no usó un sombrero”, dijo Niemierko. “Fácilmente pudo haber llevado uno”.

La boda representa una gran oportunidad para los diseñadores. Se espera que muchas imitaciones de los sombreros y vestidos lleguen a las tiendas esta semana.

La esposa del astro David Beckham, lució un vestido que ella misma diseñó, peor los oscuros tonos del vestido, que daba apariencia de ser uno para maternidad, tuvo tintes de un atuendo para un funeral. David lució la medalla que demuestra que es un oficial de la orden del imperio británico.

El cantante Elton John usó una corbata morada y un chaleco tono marfil, mientras que su pareja, David Frunish, llevaba uno en color gris y una corbata en una tonalidad más tenue del mismo color.

Un puñado de modistos italianos se hicieron presentes. La novia intermitente del príncipe Harry, Chelsy Davy, eligió dos vestidos de Alberta Ferretti hechos a la medida. En la abadía lució un ejemplar satinado color verde agua, mientras que para la tarde llevó uno asimétrico en azul obscuro.

Unión, entre emotividad y tradición

LONDRES (AP) — Con una sonrisa que iluminó las pantallas de los televisores alrededor del mundo, Kate Middleton contrajo matrimonio con el príncipe Guillermo, en una unión que promete revitalizar la monarquía británica.

Aunque sabían que su boda no era como cualquier otra y que miles de millones de personas observaban cada uno de sus movimientos, la pareja pareció lograr, por momentos, estar en su propio mundo privado, tanto en la Abadía de Westminster como en el balcón del Palacio de Buckingham.

Guillermo le habló en susurros a Kate, quien irradiaba alegría, cuando se comprometieron a una vida en común, luego de un sencillo, pero sentido “sí quiero”.

Guillermo se sonrojó un poco en la antesala al esperado momento, pero tanto el príncipe como Kate recitaron sus votos sin titubear ante el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, primado de la Iglesia de Inglaterra.

Tras un paseo ceremonial por Londres, se dieron no sólo uno sino dos besos, dulces y un tanto tímidos, cuando aparecieron en el balcón del palacio. Poco después, una fila de aviones antiguos y modernos de la Fuerza Aérea británica sobrevoló la multitud.

“Ha sido un evento impresionante, impactante, muy emotivo. Una ceremonia bien planeada y ejecutada a la perfección. El Reino Unido tuvo su cuento de hadas hecho realidad”, dijo a The Associated Press Mauricio Rodríguez, embajador de Colombia en el Reino Unido, uno de los mil 900 privilegiados que asistieron al evento en Westminster.

“La boda ha sido una combinación muy buena entre las tradiciones del pasado y el homenaje a la historia y un toque de modernidad de dos jóvenes (Guillermo y Kate), universitarios y sencillos”, añadió.

Para gran parte del mundo, la boda fue una espectacular introducción al carisma cautivador de Middleton. A pesar de la presión, la chica de 29 años se desenvolvió con una sonrisa relajada y un sentido de decoro apropiado para la ocasión.

Luego de la ceremonia, le hizo reverencia con soltura a su nueva abuela, la reina Isabel II, compartiendo con naturalidad el escenario con una mujer que ha reinado desde 1952. Aclamada por la multitud, recorrió junto a su esposo el centro de Londres en el impresionante carruaje de 1902 construido para la coronación del rey Eduardo VII.

Para muchos británicos, fue la primera vez que presenciaron a una novia tan serena y hermosa desde la juventud de la reina.

El vestido de Middleton, el secreto mejor guardado de la boda, despertó exclamaciones de admiración cuando salió del Rolls-Royce en el que llegó con su padre a la abadía. En contra de los pronósticos, el sol iluminó el día a través de las nubes grises, justo en ese momento.

El vestido de novia color marfil con encajes fue diseñado por Sarah Burton de la casa Alexander McQueen, y Kate llevaba el pelo parcialmente recogido con una tiara creada por la prestigiosa firma Cartier en 1936, y cedida por la reina Isabel II para la ocasión.

Lucía, asimismo, unos impactantes zarcillos de diamantes que fueron un regalo de sus padres. Guillermo vestía el uniforme escarlata de la Guardia Irlandesa, una señal de apoyo a las fuerzas armadas y un refuerzo para su imagen de militar de carrera.

El primer regalo de la realeza provino de la reina: los títulos de duque y duquesa de Cambridge.

La policía metropolitana calcula que un millón de entusiastas se congregó en las calles para saludar a los novios, con cerca de medio millón reunido cerca de las calles centrales de Londres intentando ver el primer beso de casados de Guillermo y Kate.

“Hemos visto a millones celebrar sin distingo de edades, todos conmemorando esta enlace”, explicó Rodríguez. “Ha sido un homenaje a esta gran nación, a la historia, a las tradiciones del Reino Unido y al mismo tiempo un excelente mensaje de unión en torno a la monarquía”.

La madrina Pippa Middleton llevaba un vestido y peinado sencillos, en tanto el padrino, el príncipe Enrique, vestía uniforme militar de parada. Las niñas del cortejo estaban ataviadas con vestidos color crema y flores en el cabello.

La abadía fue decorada con árboles de arce y carpes en el camino hacia el altar, mientras la luz se filtraba por los ventanales arqueados del icónico recinto.

“Ha sido una boda muy sobria y muy bien organizada, pero quizá un poco fría”, señaló el español Ricardo Mateos, experto en la realeza europea. “Desde luego, el perfil de la boda ha sido bajo, ajustado al lugar que Guillermo ocupa en la sucesión al trono, que es el segundo, por detrás de su padre el príncipe Carlos”.

“Me ha sorprendido la cantidad de personas congregadas en las calles y la decoración con los árboles en Westminster, en la que estoy seguro que Carlos, gran amante de la naturaleza, ha tenido mucho que ver”, agregó.

El palacio planeó dos fiestas, una ofrecida por la reina para 650 invitados y otra con música bailable, para unas 300 personas cercanas a la pareja. La familia real hizo público el menú del primer almuerzo, compuesto de unas 20 diferentes variedades de canapés, entre ellos salmón escocés ahumado en blinis de remolacha, espárragos escalfados con salsa holandesa y huevos de codorniz con sal de apio.

Tampoco faltaron los dulces y la tarta nupcial. Poco trascendió del segundo de los festejos, al que tenían previsto asistir un menor número invitados.

Fiestas fue precisamente lo que no faltó en las calles del Reino Unido. Mientras los británicos celebraban la monarquía, los turistas extranjeros no dudaban en deleitarse con sus tradiciones.

Las festividades reflejaron el apego que los británicos aún tienen por la realeza, que sigue siendo un símbolo de unidad y orgullo.

“Es muy emocionante”, dijo el primer ministro David Cameron. “Anoche me encontré con gente durmiendo en las calles. Hay un ambiente de entusiasmo que es difícil describir… es una oportunidad para celebrar”.

La realeza tiene la gran esperanza de que un final feliz en la unión entre Guillermo y Kate borre los tormentosos episodios del matrimonio del príncipe Carlos y Lady D.